Si una persona recibe esta pregunta de parte de un interlocutor interesado, seguramente no lo dejará indiferente. La pregunta es crucial por varias razones: Primero, le solicitan evocar escenas de niñez y esto puede ser amenazante si fue castigado de manera inapropiada o injusta. Implica reconocer que sufrió maltrato. Segundo, la persona pudo haber sido castigada de manera inapropiada y, sin embargo, justifica el o los castigos que recibió “porque se los merecía”, era un niño o niña “difícil”, sus padres o uno de sus cuidadores tenía “poca paciencia”, etc. Esta vez, se sufrió maltrato justificado por la víctima. Tercero, la persona no sufrió castigo inadecuado, sus padres y/o cuidadores le amonestaron en forma constructiva y esto no amenazó la relación afectiva. Entonces no fue maltratado en su niñez.
Desgraciadamente, esta última realidad la vive una minoría de las personas en Chile, si bien las políticas de infancia sobre el tema que se articularon muy fuertemente desde los años 90 en nuestro país, han ayudado a disminuir las tasas de maltrato, aunque están lejos de remediar el problema.
De mi experiencia en el tema, la mayoría de las personas prefieren no reconocer la gravedad del problema, porque es doloroso, de manera que tienden a minimizarlo o en casos más extremos, a negarlo. Los expertos lo llaman “las cifras negras del maltrato”, lo que significa que el castigo físico suele ser mayor en la población que lo reportado por los estudios y encuestas. Esto es válido para todo tipo de maltrato o abuso.
Actualmente estamos mejor informados y no justificamos el maltrato físico, pero si observamos las prácticas relacionales a nuestro alrededor, vemos malos tratos en forma frecuente. Se da en forma de abuso verbal, como lenguaje grosero o procaz que se usa cotidianamente y en todo lugar, violencia física en sus más diversas manifestaciones en espacios públicos, ya sea riña, delitos o incidentes menores, descalificaciones, desprecio, desvalorización en forma de opinión o acusaciones hacia otros y usados a favor de la persona propia, etc.
Ahora, si usted observa a alguien actuando así, ¿Qué piensa de la conducta de esa persona puertas adentro? Yo pienso que las personas no nos desdoblamos y no nos convertimos en gentiles y respetuosos en un lugar y groseros y peligrosos en otro. Tenemos patrones más o menos estables de conducta. Generalmente se es en casa como se es fuera de ella. El maltrato lo practica quien lo justifica como práctica válida, ya sea de una manera u otra en sus relaciones cercanas o no cercanas.