Como resultado de diversas encuestas electorales, se ha instalado en la opinión pública la idea de que será en una segunda vuelta donde se decida la presidencia; y se ha tendido a minimizar la primera vuelta, asumiéndose que lo decisivo no se resuelve en dicho evento.
Contrario a ese parecer, sostengo que la primera vuelta es la decisiva, porque aunque admito que habrá segunda ronda en la contienda presidencial, lo que suceda en esa oportunidad estará condicionado por lo que haya ocurrido en la primera elección.
El impacto que tiene la difusión de resultados de las encuestas electorales en la conducta de los votantes y el análisis de los cambios en las preferencias electorales que se reflejan en el transcurso de una campaña presidencial es un tema sociológico de la mayor relevancia. Las investigaciones empíricas registradas al respecto revelan que cuando las personas ya han adoptado una decisión de voto, esa decisión tiende, salvo situaciones excepcionales, a mantenerse. Se constata en este segmento, el desarrollo de percepciones selectivas sobre la materia, por lo cual las personas que están en esta categoría procesan información de modo que les ratifique en la decisión adoptada, sea esta la que se inclina por algún candidato determinado como también por quiénes se restan del proceso y deciden votar en blanco, anular el voto o simplemente, no votar.
Las características de esta conducta se explica porque todas las personas evitan disonancias cognitivas y, por tanto, no procesan información contradictoria sobre un mismo suceso, y sobre la base de esta concepción, sustentada científica y validada empíricamente, que resulta comprensible asumir que la información referida a los candidatos que la gente ha decidido no apoyar, se procesa e interpreta en el sentido que confirma las ventajas de la propia opción y descalifica la opción no deseada; incluso, muchas personas van más lejos y deciden no leer ni escuchar mensajes que no les ratifiquen su decisión, y por tanto, no perciben información de candidatos que no son de su preferencia.
Sin embargo, hay un porcentaje de personas que no declaran intencionalidad de voto en los sondeos de opinión pública, y que configuran el contingente de los llamados “indecisos”, segmento clave que se constituye en la “población objetivo” de las distintas candidaturas, ya que puede inclinar la balanza en una u otra dirección, particularmente cuando la distancia entre los candidatos no es muy grande.
Las investigaciones que estudian la conducta electoral y el impacto que provocan los resultados de las encuestas politicas, si bien, en estricto rigor, no son definitivamente concluyentes, permite establecer tres situaciones:
a) Las que muestran el llamado “efecto bandwagon”, que aparece como más frecuente y que en el ámbito de la opinión pública y la persuasión se refiere a que en el transcurso del proceso electoral, y más acentuado en la última fase, cuando ya se está próxima la elección, la gente manifiesta su intencionalidad de votar por la posición que en la opinión pública, aparece como mayoritaria.
b) También hay evidencias del efecto contrario al mencionado, y que se conoce como el “efecto underlog”, en que en el mismo proceso, la gente muestra simpatía por la posición que aparece minoritaria en las encuestas
c) Incluso, hay otros estudios que muestran que los estudios de opinión publica y la difusión de los resultados de las encuestas no tienen ninguna incidencia en la modificación de las intencionalidades de voto, pero ciertamente son minoritarias, pues la mayor parte de los estudios realizados ha establecido la ocurrencia de algunos de los efectos mencionados, cargándose más las evidencias hacia el apoyo a las mayorías.
El primer efecto es mas patente cuando existe mucha distancia entre una candidatura que acapara las preferencias y el resto, en tanto, el segundo efecto, es más frecuente cuando las distancias son menores entre dos candidaturas. Por esa razón, contrariamente a la idea instalada en la opinión pública que todo se juega en la segunda vuelta, y que esa será la instancia decisiva, tengo la convicción que lo que pueda ocurrir en la primera vuelta es clave para lo que ocurra en la segunda.
En efecto, si Sebastián Piñera saca más de 10 puntos de ventaja en primera vuelta, como algunas encuestas lo han señalado, tiene altísimas probabilidades de adjudicarse la segunda (“efecto bandwagon”); si en cambio, la distancia es menor, la candidatura que llegue segunda tiene mayores posibilidades de conquistar la adhesión mayoritaria de la población electoral no politizada (“efecto underlog”).
Lo fundamental para convencer a los votantes no politizados e indecisos es transmitirles seguridad y aparecer creíble. Generalmente, los indecisos no responden a un perfil de posturas extremas, por lo cual no son proclives a lenguajes exacerbados ni a descalificaciones, sino más orientados a planteamientos mesurados.
Las agresiones entre candidatos, enfervorizan a los seguidores que ya tienen decidida su opción, pero no gana adeptos en la población objetiva, que corresponde al universo de indecisos.
Para resultar creíbles, en un país con la cultura democrática que tiene Chile, no se debe caer en promesas de grandes realizaciones, sino se expone el cómo van a ser logradas. .El descrédito que tienen los políticos en el Chile actual, graficado en el juicio que se acuerdan de la gente sólo en período de elecciones y que siempre prometen y no cumplen, configura un marco de referencia que las candidaturas no pueden soslayar.
En consecuencia, quién quiera ganarse la adhesión de los indecisos debe evitar caer en la tentación de las grandes promesas, porque esa estrategia genera, en la población que se debe conquistar, más pérdidas que ganancias en credibilidad.
Por último, para ganar credibilidad, los candidatos debieran mostrarse como son, evitando cambiar estilos a última hora, vestuarios y mostrarse en actividades que no les son habituales ni inherentes; se cree que con ello, los candidatos se acercan mas a la gente y que logran identificarse con ella, pero desde la perspectiva del ciudadano eso es percibido como un artilugio instrumental de muy baja credibilidad, un tanto caricaturesco. La realidad es a la inversa, se gana más adhesión y respetabilidad mostrándose como se es, aunque ello marque diferencias con la forma de ser y actuar del ciudadano común; en casi todas las cosas de la vida, la autenticidad contiene la llave de las grandes victorias y realizaciones.
Por: ANDRES LLANOS, SOCIOLOGO Y DIRECTOR DE CESOP (Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Universidad Central de Chile)